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El legado Cubero

22 de Abril de 2018. 3:59 pm.

Tomar un diccionario para hallar la definición de la palabra Leyenda, sería ocioso cuando se habla del costarricense Edwin Cubero. El delantero llegó a nuestro país para enfundarse en una camiseta que llevó por siempre en el corazón, la cual lo eligió –como si se tratara del destino- para llenarse de gloria convirtiendo el gol que colocó en la vitrinas, el título de liga de 1951.

Si bien el punto más alto de Cubero en el Atlismo fue aquel penal que terminó por ser definitivo, los triunfos en la complicada cancha de la vida fueron marcando el camino para él y su familia, quienes hoy ven materializado el trabajo de su padre, su abuelo y bisabuelo.

Al finalizar su camino en el fútbol, plenamente adoptado por la ciudad y la cultura Tapatía, Edwin decidió comenzar su propio negocio. Así, desde cero, siendo él mismo quien hacía labores de administrador, ventas, operación, carga y descarga, fue como nació Mudanzas Cubero, empresa hoy operada por su familia. El acercamiento hacia este negocio fue natural, ya que en Costa Rica, sus hermanos manejaban camiones y eran dueños de grúas.

“Era un hombre adelantado a su época, sumamente libre, sin ataduras, y eso nos lo transmitía a nosotros. A mi jamás me dijo que no podía o debía hacer algo” así se expresó de él Luz María Cubero, quien trabaja en la organización desde hace 22 años, y es la hija menor de los 13 que tuvo el Sr. Cubero.

Matilde, Cecilia, Berta, Edwin, Ignacio, Eloy, Flor, Adriana, Roberto, Gaby, Rodrigo, Luis y Luz son los nombres de los hijos del delantero Rojinegro.

Justamente el pasado viernes 20 de abril, la empresa de transportes celebró su 64 aniversario bajo los valores inculcados por su fundador, una persona generosa, sencilla, a la cual incluso parecía incomodarle hablar de lo reconocido e idolatrado que era.

“Creo que cada quien ha aportado algo en todos los sentidos al negocio, Mudanzas Cubero es un legado que él dejó, y un Cubero siempre va a poder tener así, a través de la empresa a su abuelo. A mí me gusta lo que hago y desde chicos lo vivimos” nos dijo Rodrigo, también hijo de la leyenda atlista.

De izquierda a derecha: Matías, Edwin, Luz, Shedani, Rodrigo y Luis Cubero.

La empresa familiar, y totalmente tapatía, se ha hecho de un nombre en Jalisco y en el occidente del país, trascendiendo y dejando huella, tal como lo hace Edwin Cubero hoy en día en su familia y lo hizo para el mundo del fútbol.

“Todos los niños chiquitos de la familia lo conocen. Las nuevas generaciones que crecieron sin él perfectamente saben quién es su abuelito “Billo”, él está tan presente, aunque ya tiene 18 años que falleció. Los nietos hoy saben quién es su abuelito, existe y es parte de su vida aunque no está físicamente” expresaba Luz.

Edwin Cubero aprendió el oficio de la Ebanistería, y recibió su diploma profesional en 1942

Cubero le tuvo mucho cariño a la institución, a la playera, mismo que permeó en la familia que hoy pregona el amor por ser Rojinegro.

“Él no era una persona eufórica, pero lo veías hacer cada coraje y celebrar con mucha pasión, con una cara de satisfacción cuando ganaba el Atlas. Una vez le preguntaron que porque no había sido entrenador, y él no era para eso, él te decía una vez como hacerlo y a la segunda era responsabilidad tuya. Siempre estuvo muy cercano a los colores, a su equipo y al juego” aseguró Rodrigo.

Esa convicción con la que empezó un negocio, que hoy late en el corazón de Guadalajara, y de una familia grande, fue la misma que impulsó su botín hacia el balón que sacudió la red del rival en 1951, entregando muchas alegrías que hoy en día recordamos y resguardamos, en la memoria Rojinegra.

Comunicación Atlas FC

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