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Historias de Cantera: Brayan Garnica

27 de Abril de 2018. 1:26 pm.

Brayan Garnica tiene 21 años y, desde hace tres, dinamita los costados de las canchas en México con el escudo de Atlas en el pecho. Volante ofensivo de ágil regate y veloz conducción, Garnica relató cómo ha sido su vida con la Academia.

“Llegué a los 12 años, para cumplir 13. Se hizo una visoria en mi ciudad, Poza Rica, Veracruz. Fueron muchos niños y los visores de Atlas, y me eligieron a mí y a otros dos; primero me dijeron que si me quería quedar con una familia adoptiva, porque estaba muy chico para que me recibieran en casa club, entonces preferí esperar seis meses para llegar ahí directo”, cuenta el mediocampista.

Brayan Eduardo Garnica Cortés nació en Chimalhuacán, Estado de México, un 27 de mayo de 1996, para después trasladarse a Veracruz. Mide 1.67 metros y pesa 58 kilogramos. Se integró al Primer Equipo Rojinegro en 2015, luego de pasar por todas las categorías de Fuerzas Básicas.

Tomar la decisión de vestir la rojinegra no fue sencilla, como reconoce: “era un cambio muy drástico, tenía un poco de miedo de dejar a mi familia porque nunca había salido de casa y siempre fui muy apegado a ellos, pero también tenía el sueño de llegar a Primera División y era lo que más quería, entonces me armé de valor y me animé a venir”.

“Mi primer director técnico fue Arturo Magaña. Él jugó en Atlas hace tiempo, fue un gran entrenador que me dejó muchas enseñanzas; me tuvo mucha confianza, sobre todo porque muchos entrenadores no creían en mí por mi estatura, de por sí era pequeño y más con 12 años, pero le agradezco todo lo que me dejó”, recordó.

No le cabe duda sobre su episodio más especial con los Zorros: “cuando cumplí mi sueño: debutar en Primera División. Fue en 2015 contra Cruz Azul, en el Estadio Azul. Es un momento que nunca voy a olvidar, porque me dio mucha alegría y satisfacción por cumplir mi sueño. Estaré siempre agradecido con el entrenador (Gustavo Matosas), porque me brindó una gran oportunidad, y a los entrenadores que vinieron después”.

“Fue muy rápido porque faltaba poquito para que terminara el partido. Yo lo que quería era jugar, tenía muchas ansias, esperaba nada más que me dijeran que iba a entrar, volteaba la banca para ver si me veían… Y se dio en el momento: me dijo “¡Garnica, ven!”, corrí lo más rápido que pude, no tomé agua ni nada y me saqué la casaca, y sólo me dijo que disfrutara el momento y me divirtiera, que para eso había luchado tanto”, relató sobre aquel miércoles 30 de septiembre, en la capital del país.

Tras vestir la camiseta de Atlas en 83 ocasiones y anotar en 4 de ellas, reveló que “llevo mi vida en Atlas. Si bien perdí muchas cosas de mi infancia, porque no la viví como cualquier niño, gracias a Atlas tengo lo que tengo. La verdad que, la primera vez que entré al estadio cuando estaba muy pequeño, y vi los colores rojo y negro, me impactó demasiado; ver a la gente cómo se entrega te pone la piel chinita, y ahora saber que yo los represento en la cancha y me debo a ellos, y tengo que dar lo mejor de mí para brindarles un poco de lo que nos dan. Me llena de orgullo, de felicidad y de compromiso por hacer las cosas bien”.

A futuro, Garnica espera “seguir creciendo como jugador: seguir aprendiendo cosas, mejorar algunas, no perder la alegría de jugar, porque es algo que te lleva a hacer bien las cosas. Disfrutar dentro del terreno de juego es algo muy padre que se nos olvida un poco por el entorno, pero quiero crecer y por qué no llegar a Europa y seguir creciendo en el Club”.

Comunicación Atlas FC

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